Archivo por categoría
Reseñas de publicaciones y conciertos

Otro sonido de duelo: Falling Out of Time. Estreno del ciclo de canciones de Osvaldo Golijov

Por Lila Fabro

Área de Investigaciones en Artes del Espectáculo y Judeidad,

Instituto de Artes del Espectáculo “Dr. Raúl H. Castagnino”

Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

 

 

En el año 2000 Osvaldo Golijov, compositor argentino nacido en La Plata, (Argentina) en 1960, y radicado en Estados Unidos desde 1986, estrenó La Pasión según San Marcos en el festival Europaisches Musikfest Stuttgart en Alemania, obra que lo colocó en el centro de la escena musical mundial. La obra termina con un Kaddish –ración del ritual de duelo judío– situado en América Latina, en el que convergen muy diversos textos, idiomas y tradiciones musicales. Diecinueve años después Golijov retoma el espacio de duelo y lo despliega haciendo una obra desde otro enfoque y otro sonido.

 

En una fecha oportuna, noche de una de las celebraciones más populares en América del Norte como es Halloween –celebración de la unión del mundo de los vivos y el reino de los muertos– el pasado 31 de octubre de 2019 se estrenó Falling Out of Time de Osvaldo Golijov. La cita fue en Worcester, Massachusetts en el campus de College of the Holy Cross, universidad en la que el compositor enseña desde 1991, y la interpretación estuvo a cargo del ensamble Silkroad, con el trompetista Dan Brantigan y la cantante venezolana Biella Da Costa, como invitados. En el Brooks Concert Hall, auditorio que cuenta con alrededor de doscientos asientos, y a sala llena, el espacio mismo anticipó y alojó una obra caracterizada por un alto grado de intimidad ya enunciada por la temática.

 

Falling Out of Time es un ciclo de canciones para tres voces, electrónica, cuarteto de cuerdas, kemanché, percusión, pipa, sheng y trompeta, basado en la novela homónima del escritor israelí David Grossman publicada originalmente en hebreo (Nofel mi’hutz la’zman, 2011) y traducida al español como Más allá del tiempo. Escrita parte en prosa, parte obra teatral, y parte poesía, la novela de Grossman explora el dolor parental por los hijos muertos y cómo formas de duelo compartidas llevan a volver a encontrar vida aún en el dolor. En relación con esto, Golijov retoma tanto la temática y los personajes como también el poliestilismo de la poética de Grossman en una obra en la que tanto texto, sonido instrumental y exploración vocal son igualmente protagonistas.

 

Compuesta por tres canciones más un interludio, el ciclo de canciones –al que también podría escucharse como una ópera de cámara –repoetiza la novela del escritor israelí en la diversidad instrumental y en un delicado trabajo sobre los colores y las versatilidades de las voces del contratenor oriundo de Beijing, Wu Tong, la contralto venezolana Biella Da Costa y la soprano de los Países Bajos, Nora Fischer, en pasajes recitados, cantados, gritados, susurrados.

 

En una novela en la cual el argumento es una espiral que se va construyendo sobre los pasos, palabras y convergencias de los personajes en duelo, la obra desarrolla este movimiento in crescendo con recursos anteriormente inexplorados por el compositor como son la inspiración en el estilo del Delta Blues, en el rock y en baladas asiáticas. Aún con elementos pertenecientes al lenguaje compositivo de Golijov como son el poliestilismo, la exploración vocal, su tratamiento de las cuerdas, el multilingüismo –el texto se encuentra en hebreo y en inglés–, el uso de judeolenguas, el énfasis en aspectos rítmicos, la utilización de técnicas extendidas y la inspiración en géneros populares, Falling Out of Time lleva la marca de un sonido diferente en la carrera del compositor: un sonido más visceral, más libre y también más íntimo.

 

En esta obra  se toma la libertad de demorarse, y eso tiene que ver con el tiempo de exploración de los matices de cada instrumento del ensamble, a tal punto que casi todos tienen su momento solista, que trae consigo un lugar de intimidad. Esto habla también de la colaboración entre Golijov y el ensamble Silkroad que hizo el encargo de la obra y que trabajó junto al compositor en talleres desde el 2017 como parte de la residencia artística en College of the Holy Cross, dando como resultado una obra que fue creándose entre el compositor y el ensamble. Otro ejemplo de esta escritura híbrida fue la reescritura nada más y nada menos que del final de la obra el día del estreno con un cambio sustancial respecto al ensayo general veinticuatro horas antes. Explicitado por Golijov luego de la performance, el cambio –sugerido por Johnny Gandelsman, violinista del ensamble– supuso un cierre más dramático con una trágica canción de cuna entonada por Fischer, a diferencia del ensayo en el que la misma había sido sucedida por un final instrumental.

 

“La canción de cuna más trágica” la describió el compositor en el programa radial Cityspace, seis días después del estreno como “la canción de cuna de un niño muerto a sus padres”. Palabras que hacen conexión con el origen trágico de Falling Out of Time, en última instancia, en el conflicto armado árabe-israelí, y también con el acercamiento de Golijov al Círculo de Padres, organización israelí-palestina de familias que perdieron familiares en el conflicto en marcha.

 

Si el dolor sobre el que Grossman escribe es en forma de poesía, de descripciones y de diálogos, Golijov lo encuentra en el Delta Blues, en el rock, en el emparejamiento de registros de Wu Tong y Biella da Costa, en la frescura y fragilidad de la voz de Nora Fischer, en la diversidad instrumental y lingüística, en la gravedad y sensualidad con las que el compositor hace sonar en el contrabajo, junto a susurros rasposos de Wu Tong, los pasos de los padres que Grossman describe en su novela. En este sentido, el compositor capta aquello que Grossman en su escritura híbrida va construyendo, y es la expresión de un dolor tanto personal como colectivo que va mutando, y que trae consigo la marca de la diferencia.

 

Falling Out of Time constituye una vuelta de Osvaldo Golijov después de años sin estrenar obra, y quizás sea también el inicio de una nueva etapa en su carrera compositiva. En la escritura de un compositor en la cual los temas de duelo, memoria y homenaje insisten a lo largo de los años (Yiddishbbuk, Los sueños y plegarias de Isaac el Ciego, Tekyah, La Pasión según San Marcos, Last Round, Mariel, Ainadamar), el ciclo de canciones Falling Out of Time se inscribe allí en temática, y se desmarca en una sonoridad más madura y más íntima.

 

———

 

Falling Out of Time de Osvaldo Golijov

Interpretada por The Silkroad Ensemble: Shawn Conley (bajo), Nicholas Cords (viola), Nora Fischer (voz), Jeremy Flower (electrónica, guitarra), Johnny Gandelsman (violín), Kayhan Kalhor (kemanché), Karen (Ouzounian (violonchelo), Shane Shanahan (percusión), Mazz Swift (violín), Wu Man (pipa), Wu Tong (voz, sheng). Invitados: Dan Brantigan (trompeta) y Biella Da Costa (voz).

Fecha de estreno: Jueves 31 de Octubre de 2019 – 19.30 hs. / Sala: Brooks Concert Hall, College of the Holy Cross en Worcester, Massachusetts, Estados Unidos.

Horacio Chango Spasiuk. Concierto: 30 años con la música. Buenos Aires: Teatro Ópera, 21 de septiembre de 2019

Por Santiago Hernán Vazquez

 

Ni más ni menos que la solemnidad connatural a un encuentro de amigos que, como dijera Atahualpa, llevan el alma en el mismo cuero. Las mismas inquietudes y la misma búsqueda. Ese fue el clima del inolvidable concierto con el que nuestro gran músico, Horacio “Chango” Spasiuk, festejó sus 30 años de música el 21 de septiembre pasado. Y es que ese solemne silencio, tan espontáneo frente a una armonía definitivamente descubierta, no riñe con el gozo profundo que hace saltar de la butaca queriendo mover el cuerpo al ritmo de una polca. La música no es entretenimiento, dijo el acordeonista misionero mediando el concierto, verbalizando lo que los espectadores ya habían intuido al escuchar piezas como “Tristeza”, “Camino”, “Mi pueblo, mi casa, la soledad”. Es, como no se cansa de decirlo nuestro músico, una búsqueda desesperada de la belleza. La búsqueda de un hombre dotado con el don de la sonoridad –hubiera glosado Marechal– que, cubierta la cabeza de ceniza, canta por el hombre insonoro que lleva dentro de sí una armonía que espera ser cantada. “El Cantor, el Oyente y la Canción forman una unidad de sonido”, decía aquel poeta. De allí quizá el clima amical, exento de solemnidades forzadas pero sí pletórico de silencios profundos, con el que transcurrieron las casi tres horas de concierto. De allí el cariño espontáneo para con el Chango que bajaba de las gradas hacia el escenario y que se expresaba a veces en gritos que no eran declaraciones de amor sino manifestaciones de gratitud tan estentóreas como genuinas ante ese “hombre sonoro”, que ha cantado y canta con su acordeón los misterios musicales insondables de nuestro corazón.

 

La apertura del concierto fue tan maravillosamente sencilla que huelgan los calificativos. De repente y a paso lento, ingresó al escenario, solitario, el Chango. De bombacha y alpargatas. Se sentó, se acomodó el poncho en sus piernas y tomó en sus manos una pequeña acordeón que estaba a sus pies. Todos sabíamos que se trataba de la primera acordeón que tuvo de niño. Apareció detrás, en efecto, una foto añeja del niño Spasiuk con esa misma acordeoncita. Y comenzaron a sonar, como pájaros dando la bienvenido a la primavera, entrañables ritmos litoraleños con un sonido que parecía una voz de niño. Este cronista no pudo evitar, frente a este espectáculo que se abría con tan majestuosa sencillez, recordar aquel aforismo de Nietzsche que rezaba: “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad  con que jugaba cuando era niño”. El changuito de la foto, con inocultable felicidad, posaba, serio, para la foto de rollo. La música era el juego en el que gozosamente se le iba la vida. El chango del escenario sonreía, no ocultando el gozo y cerrando los ojos de a ratos. Ambos entregados de lleno a la aventura de existir con la certeza de que el fondo de la realidad es bueno porque existe la música. Porque, como nos reveló Tolkien, Ilúvatar dispuso que todo se creara cantando y del canto surgieron las cosas.

 

Como en aquel concierto del 2014 en el Colón (que después se plasmó en el extraordinario trabajo discográfico “Tierra colorada en el Teatro Colón”), y después de este inolvidable prólogo, el chamamé “Tristeza” abrió el sendero a la intimidad amical y solemne. Las notas de esta pieza fueron, como siempre, saetas al corazón que ya fue herido hasta el final. “Tarefero de mis pagos” fue la pieza elegida para revelarnos, inmediatamente después, que allí cantaba un misionero. Mas aún: un chamamecero, que ama su tradición y que, parado y hundidas sus raíces allí, crece, como el lapacho de su tierra, hacia arriba y hacia los costados, buscando una belleza “que siempre está más allá”, dando sombra a los cansados del camino, y floreciendo, con el frío del aire invernal, en promesa de primavera.

 

El concierto recorrió así lo más importante de la obra de Spasiuk. Con la generosidad insobornable de los “hombres sonoros”, concientes de su “misión”, los músicos ofrecieron una interpretación extraordinaria de las composiciones más representativas de la música del Chango. Este cronista, mero diletante, descubrió, por ejemplo, en la performance del maestro perscusionista, las infinitas posibilidades sonoras de las palmas. De “Polcas de mi Tierra” a “Otras músicas” los espectadores viajaron por un itinerario que, teniendo como guía a Spasiuk, siempre es nuevo. En este sentido, este cronista no puede dejar evocar, conmovido aún, la interpretación de piezas como “Pynandí”, “Camino”, “Distancia”, “Canción de amor para Lucía” y tantas más, tantas veces escuchadas.

 

Como si esto fuera poco, el concierto no estuvo exento de sorpresas. Después de sonar “Solo para mí” con la voz inolvidable de Mercedes Sosa, tuvo lugar un momento maravilloso y absolutamente inesperado para los espectadores: fue la intempestiva y feliz irrupción en el escenario del genial gaitero español, de gira en ese momente por Argentina, Carlos Nuñez. Fue un momento único de amistad, alegría, complicidad y, me animo a decir, aprendizaje. En efecto, entre bromas y  poseído de un entusiasmo gloriosamente infantil, el gaitero nos anunció, cual oráculo délfico, que tenemos una tradición común, plena de los matices diversos que otorga la tierra, que debemos conservar frente a la dictadura del cambio, del entretenimiento, de lo novedoso, de lo sensacional. Y que, además –siguió diciendo el español–, tenemos en el Chango Spasiuk a uno de los más extraordinarios pontífices de la belleza de esa tradición. Dicho esto, y como para mostrar que lo dicho es una verdad incontrovertible, Nuñez y Spasiuk nos hicieron vivir a los espectadores unos minutos colmados de felicidad que nos descubrieron, en el idioma de la música, la honda comunión de tradiciones. Los más entrañables chamamés, como “Kilómetro 11”, fueron interpretados con el acompañamiento de la gaita. La comunión fue profunda, feliz, natural. Un sonido ya antiguo era, a la vez, absolutamente nuevo. La verdad musical de aquellas piezas entrañables no mutó sino que se autorreveló más plenamente.

 

Con la invitación al amigo y cantor litoraleño, Sebastián Villalba, que interpretó emotivamente piezas como “Viejo caballo alazán” y “Canto a Ñande Reta”; y con la subida al escenario de Pedro Canale, quien ha dado a algunas composiciones del Chango un nuevo e interesante registro, se completó un viaje inolvidable que ninguno de los que estaban esa noche en el teatro Ópera quería concluir. Y es que todos estuvimos envueltos por tres horas en ese “paraíso de la unificación posible” en el que los hombres logran “unirse por arriba”, como decía Marechal, aun cuando estén divididos por abajo. Tal cosa es el arte verdadero, ese que habla el idioma del corazón pues solo busca –y desesperadamente– la belleza. Y ya sabemos, porque el gran Dostoievsky lo escribió, que solo será la belleza la que salvará al mundo.

Con color local. Reseña del disco “Eco de mi voz” de Viviana Dal Santo

por María Sol Causse[1]

 

El mundo queda en vilo frente a esa horqueta de senderos,

que se reitera inexorable. 

Edgardo Morisoli, La Lección de la diuca

 

Quien encuentra su propia voz, lo ha entendido todo. Todo acto artístico se funda en una búsqueda que en sí, conforma un desafío y una aventura: soy los que han sido y soy yo, en este hoy, en esta tierra.

 

Con el apoyo del Instituto Nacional de la Música (INAMU) y de la Editorial Voces, la docente y compositora santarroseña Viviana Dal Santo -en su primer álbum de creaciones propias- nos invita a redescubrir las querencias de la Pampa, con sus paisajes y sus silencios, con sus aromas y cantos. Es “Eco” de la belleza de la laguna y su reflejo de la luna en una noche taciturna; del amanecer, con el suave canto de la Diuca y el perfume del bosque de eucaliptus; de la melancolía de la tierra y un patio, que representa los sentires durante la infancia.

 

La singularidad de las obras que integran este disco radica en la confluencia del delicado tratamiento de materiales provenientes de la música contemporánea con aquéllos de fuerte identidad folclórica, en función de un todo discursivo que se erige como símbolo de pertenencia local. A nivel instrumental e interpretativo, aquéllas son, en su mayoría, pianísticas y otras, para clarinete solo (Camilo Sánchez), flauta sola (Juan Cruz Portillo) o dúo —canto (Martín Peluffo), violín (Enzo Ludueña) o flauta y piano (Verónica Baraybar Viviana Dal Santo).

 

La exploración tímbrica que realizan fundamentalmente los vientos —exploración que, por momentos, emula a elementos de la naturaleza—, el juego armónico de búsqueda de efectos que se perciben como luz y oscuridad, el nostálgico diálogo melódico estriado de reminiscencia autorreferencial y la rítmica- a veces velada- de la milonga campera, hacen a la esencia propia de un estilo personalísimo de fuerte raigambre regional.

 

La admiración por los poetas de su provincia dieron origen a “Canta para que amanezca”, que se inicia con el poema “La lección de la diuca”, de Edgard Morisoli, recitada por él mismo y acompañada por clarinete. “De la nostalgia” y “Siempre el canto vuelve” constituyen dos musicalizaciones de poemas de J. C. Bustriazo Ortiz, (gran poeta santarroseño) quien supo pincelar sensiblemente lo ancestral, lo existencial, la soledad, e infinitud de la Pampa.

 

“Ecos de mi voz” es, entonces, una forma de experimentación y autoconocimiento. Es un camino en el que resuenan, a cada paso, palabras, lugares y experiencias del folclore, elaboradas, evocadas y resignificadas desde un lenguaje musical contemporáneo que caracteriza a una de las más profundas y notables compositoras Argentinas del siglo XXI.

 

 

[1] Viviana Dal Santo:   Prof. De Artes en Música (CREAr), Técnica en Arreglos Musicales (UNL, Santa Fe) y Licenciada en Teoría y Crítica de la Música (UNL, Sta. Fe).  e-mail: vivianadalsanto@yahoo.com.ar Youtube: Viviana Dal Santo

María Sol Causse: Profesora de artes en Música (Conservatorio de Música de Bahía Blanca). Profesora en Lengua y Literatura (Instituto Superior Juan XXIII) y Licenciada en Teoría y Crítica de la Música (Universidad Nacional del Litoral). E-mail: masol_ca@hotmail.com

El hacer local y sus voces: un concierto inédito

Festival Bahía Actual 2018. Concierto sinfónico- acusmático de apertura

 

Por María Sol Causse[1]

 

Obras:

Sueño lúcido y El sueño de la razón produce monstruos (Ricardo deArmas)

Contempla el mundo (Astor Vitale)

El sonido de las voces (Luis Rojas)

Perpetuo 2018 (Gastón Ares)

Crudo, meditación sinfónica N°2, Op.82 (Leandro Mantiñán)

 

Día y Lugar: Sábado 20 de Octubre. Teatro Municipal de Bahía Blanca

Orquesta sinfónica provincial de Bahía Blanca  

Director: Javier Logioia Orbe

Voz Solista: Irene Abreu Barceló.

Narración: Celeste Moore.

 

El acto creativo es revolucionario per se, ya que implica, invariablemente, una consecuencia que lo trasciende. Cada instancia del proceso se proyecta con una potencialidad inconmensurable. La voluntad deviene, entonces, en decisión materializada: hacer, es existir.

 

Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, escribió Tolstoi. La conformación de un programa exclusivo y ecléctico de compositores bahienses, constituye una reivindicación de la importancia de lo local y fortalece el sentido de pertenencia. Más allá de las diferencias estéticas, en cada una de las obras presentadas se observa un generador común: el planteo de una interrogante que nos interpela y resignifica.

 

Sueño lúcido y El sueño de la razón produce monstruos (Ricardo de Armas) son puertas de entrada al universo onírico de paisajes recónditos, de manifestaciones inconscientes, fragmentadas, yuxtapuestas y caóticas, pero con cierto anclaje a lo real, propio del estado de duermevela.

 

El sonido de las voces (Luis Rojas) es la manifestación del dolor y la melancolía que acompañan a la tristeza, que se entreteje y expresa en el clima sonoro de una orquesta con fuerte presencia de cuerdas. Música altamente narrativa, que tiene mucho de pictórico. En este sentido, Contempla el mundo (Astor Vitale), tiene pinceladas de elementos folclóricos, consolidados en un todo de fuerte impronta latinoamericana.

 

El cambio frente a la permanencia. Aquello que discurre y se desintegra de manera continua. Perpetuo 2018 (Gastón Ares) es una metáfora sobre el tiempo y la eternidad, de lo que es y lo que no simultáneamente, de lo inmaterial que se diluye, de los hitos que se destacan en un acontecer irremediable a lo infinito. El juego de continuidad y disrupción discursiva está logrado a través de un minucioso trabajo de exploración tímbrica.

 

Asimismo, en Crudo (Leandro Mantiñán), la exploración se convierte en búsqueda de un clima descarnado, invasivo, lacerante, de emulación al proceso industrial que aliena y aniquila. El impecable trabajo de orquestación y el empleo rítmico representativo generan un todo sonoro que nos atraviesa y deconstruye.

 

De este modo, la experiencia que plantea un festival musical de las características de Bahía Actual, es una invitación a repensarnos en tanto sujetos inmersos en una realidad que es, inevitablemente, siempre compleja.

 

 

[1] María Sol Causse.: masol_ca@hotmail.com Nacida en Bahía Blanca en 1981. Licenciada en Teoría y Crítica de la Música (Universidad Nacional del Litoral). Diploma de honor al mérito académico 2016. Premio Randstand- Revista Punto Biz por el segundo mejor promedio provincial de las Universidades públicas y privadas de Santa Fe .Profesora de artes en Música (Conservatorio de Música de Bahía Blanca). Profesora en Lengua y Literatura (Instituto Superior Juan XXIII). Su artículo  “ El estilo compositivo de Yann Tiersen: acercamientos y diferencias con la corriente minimalista” ha sido publicado, en el 2017, por la Revista da Fundarte (Editorial de la Fundación municipal de artes de Montenegro, Brasil). Desde el año 2014 integra el centro BACIC y produce reseñas críticas de sus eventos, que se hallan en el sitio web http://bahiactual.org/category/resenas/.      Actualmente, se desempeña como docente de Literatura y Prácticas del lenguaje en el Nivel Secundario y como Profesora de Lenguaje musical y Práctica de Conjunto Vocal e Instrumental en el Conservatorio de Música de Bahía Blanca. Ha sido titular de la cátedra Expresión oral y escrita de la Carrera de Periodismo (ISCCS). Fue Integrante del Coro Schola Cantorum (perteneciente al Conservatorio de Música) y del Grupo Vocal Ars.

 

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial