Sociedad Chilena de Musicología. Reseña Congreso

Sociedad Chilena de Musicología. Reseña Congreso

Por Silvina Mansilla

 

Con el tema general “Música en tiempos de crisis”, se realizó en la Universidad de Santiago de Chile del 12 al 15 de julio de 2017, el noveno congreso organizado por la Sociedad Chilena de Musicología. Procedentes de Colombia, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, España, Argentina y varias ciudades chilenas (Concepción, Valparaíso, La Serena, Talca y por supuesto, Santiago), los expositores fueron agrupados en distintas sesiones. Verdadero congreso internacional –con ponencias en español, portugués e inglés–, los ejes centrales fueron “Música y política”, “Conceptos en crisis”, “Música, política e historia”, así como también espacios dedicados a la crisis en la formación musical, en la industria musical, en las instituciones, en la educación.

 

El ámbito fue el de la USACH, otrora denominada Universidad Técnica del Estado, espacio educativo que no ofrece carrera de música alguna pero que tiene una fuerte tradición en lo que hace a la extensión cultural. De hecho, su unidad “VIME” (Vinculación con el Medio) alojó y promovió a artistas emblemáticos de la escena chilena (como Víctor Jara, Quilapayún e Isabel Parra, entre otros), habiendo sostenido durante los años 70 y 80 un espacio de resistencia cultural ante la dictadura imperante, asunto que la distingue especialmente.

Las siguientes opiniones deben tomarse a título personal. Por un lado, por el hecho de que ante las mesas paralelas, resultó imposible presenciar todas las sesiones. Por el otro, porque sin duda la elección de qué colegas comentar va teñida ya de un recorte propio, sea por el área de trabajo, el conocimiento previo de algunos de ellos o el interés en conocer qué y cómo se trabaja en determinados ámbitos académicos. Así, nos resultó impecable el aporte de Alejandra Isaza, Dra. en Historia por la Universidad de Manchester, quien acercó una visión del contexto histórico-político colombiano durante la segunda mitad del siglo XIX y su relación con el cultivo de la ópera y los conciertos de música académica como forma de transformar a los habitantes en ciudadanos. También, la ponencia de Alejandro Vera –actual presidente de la SCHM–, que presentó a través del estudio del texto y de la música de un villancico de la segunda mitad del siglo XVIII alojado en la Catedral de Santiago, el contexto de crisis profunda en lo político que ocurría en el imperio hispánico y que está presente, dicho sin decirse (valga el oxímoron), en el caso en estudio: Al supremo Dios, las gracias.

Igualmente acabadas lucieron las presentaciones de Mélodie Michel, de la Universidad de California-Santa Cruz y Marysol Quevedo, de la Universidad de Miami. Jóvenes investigadoras, la primera es una instrumentista dedicada a la música antigua que ofreció un análisis de la práctica de ese repertorio en el suroeste europeo, en las últimas décadas, enfocado desde una perspectiva etnográfica. Su ponencia demostró cómo desde la crisis económica de 2008 se viene creando en países como Italia, España y Portugal, un sistema posmoderno de organización laboral en la early music, de trabajo en redes. Quevedo por su parte, nos acercó un trabajo sobre la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y la organización de sus programas de conciertos durante los años 60 y 70, explicando cómo se entrelazaron la ideología revolucionaria y la estética musical europea con los intereses de los directores y la expectativa de legitimación de los compositores cubanos de música contemporánea resultando un repertorio ecléctico, que se dio a conocer en festivales y celebraciones realizadas en distintos lugares de la isla.

Un tema muy atractivo para quien escribe fue la mesa coordinada por Daniela Fugellie, de la Universidad “Alberto Hurtado”, destinada a un intento de que las cuatro “R” (RILM, RISM, RIPM y RIDIM) de la Sociedad Internacional de Musicología pudieran potenciarse con la cooperación o interrelación con algunos trabajos sobre colecciones musicales ya realizados en Chile. Pudimos así conocer, luego de una introducción didáctica más que pertinente de la coordinadora, el admirable trabajo de catastro, inventario y catalogación de partituras que ha realizado Fernanda Vera en distintos repositorios chilenos. También, la riqueza iconográfica de varios miles de fotografías de músicos que ha sistematizado Juan Pablo González en un archivo digital; y finalmente, la catalogación de partituras en bibliotecas y archivos de música –con sus criterios a veces antagónicos– explicada por Cecilia Astudillo, encargada de la Sección Música de la Biblioteca Nacional de Chile. Nos preguntábamos allí, inevitablemente, sobre la situación argentina y lo mucho que podrían potenciarse trabajos similares, si hubiera voluntad y políticas que excedan la urgencia del día a día y ciertos resquemores acarreados por una política pequeñita, mezquina, que impide pensar en plazos medianos, programados para la vida de las instituciones y no tan solo para el ocasional lucimiento de algún funcionario.

En perspectiva afín a nuestro trabajo, resultó de sumo interés observar cómo se está estudiando la circulación de la música sinfónica de compositores chilenos del siglo XX, aplicando métodos cuantitativos al estudio desde la teoría de la recepción. Luis Merino, junto con el joven musicólogo Julio Nicolás Garrido Letelier, presentaron otra ponencia a nuestro parecer contundente, referida a la incidencia de la crisis institucional de la Universidad de Chile ocurrida desde la década de 1970 en la circulación de ciertos repertorios, que conllevó un cambio en el imaginario institucional transformando su hegemonía y trama simbólica.

Azarosamente, pude compartir una cena en un lugar “ideal para tiempos de crisis” –como lo definió Mauricio Valdebenito, a quien el presidente de la SCHM atribuyó en el discurso inaugural la autoría del tema convocante–, “El Hoyo”, famoso espacio ligado a las tradiciones locales en el cual sociabilizan hasta hoy numerosos chilenos nostálgicos. Más allá de mi total ineptitud para probar la bebida típica –el “Terremoto”, consistente en una mezcla de vino blanco, helado de piña, fernet y granadina–, la ocasión me permitió tomar contacto más de cerca con algunos colegas. Por razones personales no pude asistir al almuerzo de camaradería el último día. Una despedida blanca me alejaba ya ese mediodía de la metrópoli chilena, permitiéndoseme, otra vez por intervención del azar, la contemplación “desde arriba” de la inmensidad de la cordillera recién nevada… Maravillosa experiencia de intercambio y crecimiento, en lo humano y en lo académico, que guardaré entre mis mejores recuerdos.

Se puede acceder a los resúmenes y otros datos, aquí: http://www.schm.cl/

 

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