La musicología, Santiago de Chile y sus congresos de verano

La musicología, Santiago de Chile y sus congresos de verano

Por Mariana Signorelli

 

El Tercer Congreso Chileno de Estudios en Música Popular estuvo organizado por la Asociación Chilena de Estudios en Música Popular (ASEMPCh) y tuvo lugar entre el 9 y el 11 de enero de 2019 en el Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile. En este caso, el tema propuesto fue “Género y sexualidad en  música popular: prácticas, articulaciones, disputas”.

 

La ASEMPCh fue fundada en Valparaíso en el año 2010 y está conformada por investigadores de diversas disciplinas de las humanidades, las artes y las ciencias sociales. El foco de la misma está centrado en los estudios de la música popular con el objetivo de difundir su conocimiento y su reflexión sobre los atravesamientos sociales, estéticos, políticos, artísticos, económicos, tecnológicos y pedagógicos tanto del presente como del pasado que las prácticas musicales y sus experiencias movilizan.

 

El comité académico estuvo integrado por Patricia Diaz, Silvia Lamadrid, Alex Zapata, Rodrigo Pincheira y Javier Osorio, y la coordinación general estuvo a cargo de Juan Pablo González.

 

En este tercer congreso la propuesta convocante abarcó diversos interrogantes y principalmente permitió vincular cuestiones de género con las músicas: “Buscamos escrutinios críticos que evidencien articulaciones entre sonidos y palabras musicalizadas con identidades de género. Nos interesa reflexionar y dar cuenta sobre expresiones musicales que desmonten imaginarios de dominación masculina-hetero-normativa o que estén en la línea (de) constructiva de géneros, sexismo y liberación sexo-identitaria. Nos interesa entender a la música popular como canal de disputa en los temas de género.”[1]

 

Luego de las cálidas palabras de bienvenida a cargo de Patricia Diaz Inostroza, Sebastián Kaufmann y del anfitrión Juan Pablo González, le siguió la conferencia inaugural a cargo del musicólogo español Julio Arce, cuya presentación fue titulada “Los besos exagerados y goces interrumpidos. Músicas para un cine reprimido”. Arce indagó sobre la relación entre la música y los sonidos en el cine en torno a la representación de la sexualidad especialmente en películas clásicas hollywoodenses de los años cuarenta y cincuenta, películas donde el sexo está sublimado, reprimido o dulcificado. Su más que interesante propuesta movilizó e impactó a las personas presentes positivamente, ya que significó el comienzo de un congreso que apuntaba a transitar, sacudir y revisar constructos y estereotipos de género y sexualidad en relación a los fenómenos musicales populares.

 

Durante los tres intensos días que duró el congreso hubo siete mesas plenarias y seis que se organizaron simultáneamente de a pares, dando un total de cuarenta y ocho exposiciones sumamente diversas y aglutinadas en los siguientes ejes temáticos:

  • Política y disidencia sexual.
  • Políticas de género (música y acción política).
  • Prensa, crítica y género.
  • Masculinidades y violencia.
  • Mujeres en la música popular.
  • Género musical y género social.
  • Performance, música y género.
  • Afecto y género.
  • Sexualidad y género.
  • Músicas tradicionales y género.
  • La voz, género y sexualidad.
  • Identidades y performance LGBT+ en música popular.

Si bien el congreso tuvo predominio de investigadores e investigadoras del país anfitrión, también se acercaron a participar otros/as provenientes de nuestro país, Perú, Brasil, España, Venezuela, Ecuador y México. Esta reseña estará centrada en la comitiva argentina que se hizo presente en el congreso, la mayoría de ellas, socias de la Asociación Argentina de Musicología, integrada por Mercedes Liska, Silvia Lobato, María de los Ángeles Montes, Angélica Adorni, Natalia Díaz, Mariana Signorelli, Marina Carrillo y Adriana Cerletti. Los trabajos que abordaron pusieron en evidencia cómo las cuestiones de género y sexualidad atraviesan los más variados objetos de estudio musicales y a partir de perspectivas también diversas como la musicología, la sociología del discurso, la semiología, entre otras.

 

Mercedes Liska participó de la primera mesa de la mañana titulada “Política y disidencia sexual” conjuntamente con Daniel Party, Aníbal Fuentealba y Adalberto Paranhos, presentando un trabajo sobre canciones que visibilizaron el lesbianismo en Argentina. Mercedes centralizó su reflexión en “Puerto Pollensa” (1980) de Marilina Ross y “María José (2013) de Paz Ferreyra/Miss Bolivia como dos ejemplos paradigmáticos y representativos de  la relación entre las carreras artístico-musicales y la propia sexualidad de las artistas, y cómo esto determinó su inserción al campo.

 

La mesa de la tarde se convocó luego del café alrededor del tema “Prensa, crítica y género”, y en ella, la colega Silvia Lobato compartió su trabajo “Mujeres músicas en La Mujer. Revista Argentina para el hogar (1935-1943)”. Sus reflexiones invitaron a pensar la relación entre las representaciones femeninas, las imágenes, la visibilización de las mujeres y los imaginarios socioculturales acerca de las intérpretes musicales específicamente en esos años qué tanto se ajustan, sugieren, sostienen, impulsan mandatos sociales  (maternidad, matrimonio, profesionalismo) y estereotipos de género. Silvia enmarcó su análisis en la crítica musicológica feminista desarrollada principalmente por Mc Clary, Citron y Ramos López para formular problemas que trascienden a los casos particulares, movilizando los estudios de género en general.

 

En la mesa paralela de la tarde “Masculinidades y violencia”, María de los Ángeles Montes presentó su ponencia “Masculinidades, pasión y violencia en las letras del cuarteto cordobés”. María de los Ángeles analizó cómo a través de las letras y de sus interpretaciones en vivo, los cantantes de cuarteto, en su mayoría enunciadores varones, contribuyen a exaltar y reforzar modelos de masculinidad donde las pasiones y la violencia se hallan normalizadas. En los bailes de la ciudad de Córdoba más de diez mil jóvenes se dan cita en este ritual de fuerte arraigo heteronormativo. En los casos que ella analiza -Chébere y La Mona Giménez-  el varón no es un varón que oculta las emociones sino todo lo contrario: padece sus sentimientos, es un apasionado exaltado y se comporta de forma violenta.

 

El día jueves a media mañana participaron en la mesa “Género musical y género social” coordinada por Adriana Cerletti, tres investigadoras argentinas: Angélica Adorni, Natalia Díaz y Mariana Signorelli. Angélica presentó un trabajo muy interesante titulado “En el baile de sirvientas hay un hada bienhechora: Ramona Galarza y sus discos de chamamé en Argentina (1958-1969)”. Focalizó su trabajo en las imágenes y diseño de las portadas de los discos de la cantante correntina y cómo dichas representaciones visuales colaboraron con lo que llama un mecanismo de “adecentamiento” de la intérprete y del género chamamé en general, ya que éste era asociado a la clase humilde y a un ámbito de desorden y promiscuidad. Angélica realizó un análisis interdisciplinar e intertextual que permite desentrañar la trama cultural y social en la que los modelos de mujer y los roles determinados como hija, madre o esposa eran impulsados por la industria musical.

 

Natalia Díaz se propuso la no sencilla tarea de analizar la relación entre “ser nacional”, masculinidad y heteronorma, entrecruzando nociones de la sociología del discurso, las teorías de la performance y su propio trabajo de campo en peñas cordobesas. Para este trabajo se enfocó en la danza folclórica zamba para ejemplificar lo que acontece en todas las danzas folclóricas argentinas: modos legítimos de usar el cuerpo, textos y sentimientos heteronormados. Ella señaló en su exposición que el ser nacional manifestado a través del folclore en sus canciones y danzas “no ofrece guiones para las subjetividades gays o lesbianas”. Por tanto, esos cuerpos son rechazados y no forman parte de la tradición nacional, de ahí el título de su trabajo “Bailar con otro tipo como que no da”, haciendo alusión a un comentario recogido en una peña donde se menciona que dos amigos varones no pueden -ni deben- bailar zamba juntos.

 

Mariana Signorelli inició su ponencia preguntándose si en la danza argentina malambo  hay elementos musicales, expresivos o simbólicos que la determinen como una práctica exclusiva de los varones. Esta danza fue canonizada como estereotipo masculino y nacional pero sin embargo, Carlos Vega ha registrado mujeres zapateando malambo. Hay en el trabajo presentado un análisis de la trayectoria retórica del género hacia el caso del Malambo del ballet Estancia de Alberto Ginastera, entrecruzando nociones de la perspectiva representacional de Marin y Chartier y de la musicología feminista crítica de Mc Clary y Citron, que permiten pensar las imágenes y transfiguraciones de esta danza en torno a olvidos, ausencias, exclusiones de las mujeres en este género.

 

Luego del almuerzo, en la segunda mesa sobre las “Mujeres en la música popular” presentaron sus trabajos Marina Carrillo y Adriana Cerletti. Marina expuso su  ponencia “Carmen Guzmán y la canción sin palabras. Un análisis intertextual y de género en la obra para guitarra de la compositora.” En ella propuso un acercamiento a la obra de esta compositora mendocina que no está lo suficientemente difundida ni estudiada. En este trabajo además de acercarnos a revalorizar la obra de Guzmán, mayoritariamente integrada por canciones, analizó su complejidad compositiva que deambula entre músicas populares y académicas y las dificultades técnicas para interpretarla. Marina nos aportó sustanciosos cruces teóricos de aproximación a la temática de género.

 

“Lo femenino y lo masculino en las milongas rioplatenses de 1910: estereotipos y disputas” fue el trabajo presentado por Adriana Cerletti. Adriana se focalizó en las músicas populares cifra y milonga y se propuso pensar los roles femenino-masculino en el género milonga y en la performance payada siguiendo los planteos de Mc Clary en el contexto del imaginario de Estado-Nación argentino. Así, puso en evidencia una tensión: la cifra que precedió a la payada como forma de acompañamiento es considerada “viril por naturaleza” por varios autores, entonces en contraposición, la milonga sería ¿lo femenino? El dilema queda explicitado por Adriana: La representación y asociación de la milonga con lo sensualmente femenino parece no poder explicarse en el contexto heteropatriarcal y los ideales de masculinidad que se proyectan en estas músicas.

 

La conferencia performativa de cierre “Acciones y reflexiones en relación a la voz femenina desde la propia práctica sonora” propuesta por Ana María Estrada nos interpeló y conmovió fuertemente. La artista chilena que actualmente reside en Barcelona presentó una obra performática que incluyó canto, movimientos, relatos al oído y finalmente la explicación de su tesis y su trabajo de campo en Europa. Ella centra su quehacer artístico en la realización de acciones donde conjuga la exploración sonora de la voz, las maneras de decir, contar, narrar, transmitir las palabras en tanto signos culturales, corporales y fenómenos sonoros y vincula dichas prácticas con las teorías feministas –Butler, Lagarde-. En el caso de la performance vivenciada, varias performers colaboradoras transitaron el espacio del público y se acercaron a los oídos a susurrar casos reales de violencia de género y de femicidios mientras Ana María cantaba. Luego de largo rato y de haber escuchado un par de casos, fue imposible permanecer inmunes, algo empezó a pasarnos: el susurro nos penetró en la piel, las palabras nos afectaron corporalmente y nos invadió una fuerte sensación colectiva de sororidad.

 

Además de la excelente recepción de todos los colaboradores y organizadores del congreso y de la universidad es para destacar especialmente la disposición de Patricia Díaz Inostroza (Presidenta de ASEMPCh), Juan Pablo González, Lorena Valdebenito, Paloma Martin, entre tantos otros colegas chilenos que atendieron a que todas las personas que nos acercamos y asistimos a este congreso nos sintiésemos realmente cómodas y bien. Los cálidos y amenos recreos, los almuerzos en el comedor de la universidad y las propuestas musicales nocturnas permitieron conocernos y estrechar lazos; y la cena final en aquella terracita santiaguina compartida con colegas sirvió de cierre a un congreso que quedará en la memoria por los sustanciosos intercambios académicos, la confraternidad y la sororidad entre los musicólogos y las musicólogas que participamos.

 

[1] Programa del Congreso pp.3.

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